A 53 km. de Pamplona en dirección a Vitoria por la autovía A-10, se encuentra Olazagutía, Olazti en euskera, un pueblecito de apenas 1.600 habitantes situado a los pies de la sierra de Urbasa, cuyos bosques caducifolios, hayedos fundamentalmente, empiezan, justo en esta época, a prenderse con los mil colores del otoño. A escasos metros del pueblo, al inicio de la ascensión al puerto de Urbasa, se encuentra la cantera de margas que abastece a la fábrica de Cementos Portland. Nuestra reciente inscripción en la Asociación nos ha permitido conocer verdaderos apasionados por la Paleontología quienes, con sus conocimientos y experiencias, han acentuado, más si cabe, nuestra devoción por los fósiles y motivo de ello fue la organización de una visita a la cantera de Olazagutía. Por ello, aprovechamos el puente del Pilar para huir de las severidades climatológicas que amenazaban la Comunidad Valenciana y hacer una escapada a tierras navarras, que prometían mejores templanzas, para confirmar por nosotros mismos lo que el amigo Pepe nos había relatado semanas atrás: “se pillan los erizos a cien por hora”. Decidimos alojarnos en Alsasua, a escasos 3 km. de Olazagutía, y puesto que hasta el sábado por la tarde no cesaba la actividad en la cantera, aprovechamos esos días para realizar sendas visitas gastronómicas a Pamplona y a la sin par San Sebastián, además de visitar pequeñas aldeas de la comarca de Idiazábal para dar el visto bueno a las excelencias de sus quesos y, sobre todo, hacer un recorrido por la Sierra de Urbasa, culminado con un paseo de tres horitas que nos permitió disfrutar del nacedero del río Urederra, un río de aguas color turquesa que nace en la base de la pared caliza de esta privilegiada sierra.Fue el sábado, después de comer y con la urgencia de la ansiedad, cuando iniciamos el ataque a la cantera. La cantera se presenta como un tremendo zarpazo a las entrañas de la sierra, un desgarro descomunal a la naturaleza que, sin embargo, abre al aficionado una ventana incomparable al Cretácico. Concretamente el yacimiento abarca el Coniaciense y el Santoniense inferior y, si bien, se encuentran fósiles por toda la cantera, es sobre todo en el primer escalón el que ratifica las palabras de nuestro amigo, pues la abundancia de erizos es increíble, sobre todo Micraster de varias especies (brevis, larteti, coribericus, matheroni) y también Echinocorys (vulgaris, scutata) y en menor medida, enormes Cardiaster integer. Los fósiles se encuentran cubiertos de una marga grisácea que dilata la incertidumbre de los hallazgos hasta que la potasa forje sus efectos.Nuestras mochilas, demasiado asustadas por la corpulencia de su contenido, todavía tuvieron valor suficiente para acomodar en su regazo algunos bivalvos (todavía sin identificar) y un par de trozos de amonites. De los Cidaris que dicen que hay, ya daremos debida cuenta en una nueva aventura.