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Yesos del Verdegás

Son muchos los yacimientos de yeso, y que por aquí les llamamos de “Algeps”, que se han explotado en el término municipal de Alicante, la totalidad de ellos enclavados en las margas abigarradas del Keuper, tan abundante en esta provincia.

Cartel que da paso a la entrada principal de las explotaciones actuales y a la cantera central, esta entrada también fue la entrada a la fábrica de yeso que en su día se llamó La Unión, ésta estaba formada por titulares de pequeñas explotaciones familiares, las cuales no podían actualizar sus instalaciones por la gran aportación económica que eso conllevaba, de todos modos casi ninguno sobrevivió tampoco a esta unión de empresas.

En este artículo, trataremos de dar algunos detalles del yacimiento de yeso conocido como: Las Amoladoras, que está enclavado en la partida del Verdegás, término municipal de Alicante y lindando, cuando no cabalgando, en la línea divisoria del término municipal de Agost. La ubicación del mismo es en lado derecho de la carretera que va desde San Vicente del Raspeig hacia Agost a la altura del Kilómetro 5, empieza en el cruce del camino del Verdegás y termina en el puente de la Rambla del Pepior, también llamada Rambla de la Palmereta, donde empieza el término municipal de Agost, hacia el norte termina en las inmediaciones del Barrac de Manases y la Serra dels Coloms.

Geológicamente este asomo del Keuper está rodeado en su parte norte y noroeste por el cretácico albiense y cenomaniense de las vertientes de la Sierra de Castellars y de la Sierra del Coloms, un poco más al norte, pasada la rambla de La Palmereta, en dirección a Agost hay otro pequeño asomo del Keuper donde se encuentra la cantera y la antigua fábrica de yesos de Pepe Chorro, actualmente sin actividad. Hacia el nordeste se encuentran las estribaciones de la sierra del Talls y el nacimiento del Barrac de Manases, en esta zona y entre las canteras y el Barranc de Manases se encuentra una pequeña porción de tierra de labor llamada el Algepsar, donde se encuentran multitud de pequeños Jacintos de Compostela, en la Sierra dels Talls empieza el senoniense hasta la zona de El Parat, habiendo en algunos puntos grandes aglomeraciones de silex, sobre todo al oeste dels Talls. Al este y sureste se encuentran las tierras de labor formadas por el material de arrastre de los barrancos. Al sur el Keuper linda con un pequeño montículo del triasico inferior Buntsandstein, formado por la típica arenisca compacta de color rojo con laminitas de mica, y que por cierto le da el nombre al yacimiento de yeso de esta zona, ya que esta arenisca compacta era utilizada entre otras cosas para afilar herramientas de uso agrícola y otros menesteres, las rocas que allí se encontraban eran conocidas como “pedres asmolaores” (piedras afiladoras) y de ahí el actual nombre de la zona: Las Amoladoras , que en el dialecto local seguimos llamando: Les asmolaores. Este tipo de roca vuelve a aflorar a un kilómetro más al sur en dirección a otra zona de canteras de yeso en La Alcoraya y en una extensión mucho más amplia.

En las antiguas canteras de la zona este del yacimiento era donde se han encontrado algunos cristales de cuarzo de color negro formando unos nódulos estrellados y que se encontraban incrustados en un yeso de color gris y de textura sacaroidea, y en la zona oeste del conjunto de canteras, concretamente en la última es donde apareció la Celestina blanca en una zona en contacto con las calizas grises, otros minerales también han aparecido esporádicamente por toda la zona, pero en cantidades ínfimas.

El yacimiento en cuestión es conocido por varios nombres como son: El Algepsar, Els Clots de Carlos, Les Canteres de Carlos Lillo, les Canteres de La Unión, etc, la mayoría de estos nombres hacen referencia a los sucesivos titulares de la explotación así como los terrenos adyacentes. Es de suponer que más antiguamente este paraje también habrá sido conocido por otros nombres ya que hay restos de explotaciones muy antiguas, incluso algunas de ellas llegaron a ser explotaciones subterráneas, como son la recientemente desaparecida “Cueva del Agua” que en otros tiempos debió de llegar hasta casi la carretera de Agost, pero que desde los últimos 80 años como mínimo, según referencias personales, ya sólo quedaba en pié una ínfima parte de ella, digamos: el culo de saco final de la explotación, dicha cueva era conocida como la Cueva del Agua por tener en su interior una gran cantidad de agua en todos sus laterales, quedando solamente fuera del nivel freático la parte central de dicha mina, la cual tenía forma de isla circular y donde todavía de podían apreciar un par de morteros esculpidos en la piedra para moler los sarmientos quemados para hacer carbón y mezclar el salitre y el azufre para hacer la pólvora con la que explosionar los barrenos para arrancar la piedra.

Antiguamente se comentaba que aquella mina empezaron a trabajarla los árabes, cosa que difícilmente se podría certificar, y más aún ahora que han desaparecido los últimos restos, pero lo cierto es que aquellas canteras han estado en explotación esporádicamente durante un periodo muy dilatado en el tiempo y de hecho todavía quedan en pié algunos hornos para calcinar la piedra que trabajaban con leña, y las eras donde molían la piedra calcinada con “reglones” o “ruglones” (que eran unos cilindros de piedra que giraban sobre un eje de madera y eran tirados por mulas y caballos, estos reglones tenían un diámetro diferente en cada lado lo cual permitía que los animales al hacerlos girar tirando de ellos iban en circulo) para después garbillar el material resultante y sacar el yeso desechando la granza más gorda, mirando por los alrededores todavía se pueden observar algunos “estratos” con restos de carbón quemado y granza de piedra de yeso, que eran el resultado de la limpieza de los restos de la hornada para proceder a la carga de la siguiente.

Restos de hornos

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Yo tuve la suerte, (aunque en su día no me lo pareció así, por lo sumamente extenuante de este trabajo), de armar y quemar el último horno a mano de la zona, junto con mi tío Mariano en un yesar de la Cañada del Fenollar, de esto ya hace 29 años, la única diferencia que había con el método antiguo era el molido de la piedra que ya se hacía con molinos de martillos accionados por un motor eléctrico, pero todavía había que ir seleccionando a mano las piedras con diferentes grados de cocción para ir haciendo una mezcla homogénea y conseguir un yeso medianamente utilizable, también se seleccionaba a mano el yeso blanco, el rápido y el lento para diferentes usos y el método era simplemente ir eligiendo el tipo de piedra para cada caso.

A partir de aquella fecha también dejó de funcionar aquel horno y los trabajadores de aquella empresa nos trasladamos a otra empresa de nueva creación, que aunque se instaló con maquinaria proveniente de otra empresa anterior, el sistema en sí de la fabricación de yeso ya era similar al actual con hornos rotativos alimentados por fuel y el sistema del tratamiento del material ya estaba automatizado. Esta empresa en cuestión se llamaba Yepasa y la situaron justo al lado de las canteras de explotación del material entre la Cañada Roja y La Alcoraya, al igual que ocurrió con la otra empresa Levantina de Yesos, que se situó al lado opuesto de la carretera de La Alcoraya y que en aquel entonces se suministraba de materia prima proveniente de las canteras de Les Viudes, un poco más al sureste justo donde empieza el cretácico inferior del valle de La Alcoraya.

A la carga de estos hornos se les llamaba “armado”, armar un horno consistía en forrar las paredes interiores del horno con unas paredes de piedra de yeso que a una cierta altura se iban cerrando formando una bóveda y una vez armada ésta el resto se cargaba por la parte superior del horno, dentro de la bóveda se colocaba la leña para calcinar la piedra de yeso, luego la boca inferior se tapaba con piedras y yeso amasado dejando un pequeño orificio con el que alimentar el fuego para que éste no tuviera tanto tiro, por la parte superior también trataban de tapar un poco los muchos agujeros que quedaban entre las piedras, utilizaban incluso los desechos de la anterior hornada. Luego ya se trataba de regular el calor a base de ir echando leña por el agujero inferior hasta que la pericia del hornero calculaba cuando estaba la piedra cocida, normalmente la carga del horno colapsaba sobre sí misma cuando había llegado al final del proceso de cocción, el quemador normalmente tenía que hacer noche en el horno ya que tenía que vigilar constantemente el estado de la combustión de la leña e ir alimentándolo cada cierto tiempo.

Las piedras, que solían ser de gran tamaño, se partían a mano con una maza hasta reducirlas al tamaño adecuado para poder manejarlas, esto también tenía su misterio, ya que según ellos había que pegarle “ a favor de la veta” para lograr romper aquellas grandes piedras, esto también lo entendí después de sufrirlo en mis carnes ya que siendo el yeso un mineral muy blando cada golpe de maza se clava en la piedra pero si el golpe no es en el sitio adecuado no produce el efecto deseado y al cabo de poco tiempo solo se consigue quedar sin fuerzas y frente a una gran piedra totalmente redondeada y ahora sí imposible de partir. Era evidente que los trabajadores de antaño tenían muy claro donde estaba el plano de exfoliación del yeso, el cual les puedo asegurar por experiencia propia, que en algunas rocas de yeso de tipo industrial no es tan fácil de localizar a simple vista.

 

Fotos de los años 70 en la cantera de Carlos Lillo con los trabajadores de aquella época, entre ellos, mi padre Ramón Pastor Pastor (dinamitero) en el centro con el cigarrillo en la boca y el mechero de chispa en la mano, con el cual prendía la mecha de las voladuras, también está Enrique (chofer), Nardo (chofer), Pedro (ayudante barrenero), Vicente “El Cachoco” (Palista), Jose Cuenca “Calich” (barrenero) y Camilo (Chofer).

 

Normalmente la cocción de la piedra no era pareja, unas piedras recibían mucho más calor que otras, con lo que habían piedras de yeso muerto el cual había perdido todas sus moléculas de agua y piedras de yeso crudo, que apenas estaba cocido y era imposible de trabajar pues su fraguado era instantáneo, aquí también la pericia que aquellos hombres les daba la solución, tan sólo se trataba de conseguir la mezcla adecuada de los diferentes tipos de piedra según su cocción para obtener un yeso que diera suficiente tiempo para poder trabajarlo y una buena dureza una vez fraguado el material, si alguna piedra había quedado realmente cruda, normalmente se desechaba.

Todo el mineral de yeso para estos hornos provenía de una serie de canteras, todas de la misma zona, en la que se han encontrado algunos minerales interesantes, como Cuarzo, Pirita, Anhidrita, y Celestina, pero la que nos interesa sobre manera es la cantera central, que es la cantera principal que se trabajó desde la época que se creó la empresa de explotación de Yesos la Unión, y que es la única que hay en actividad en la actualidad en este yacimiento. Y nos interesa particularmente por la aparición en una zona muy crítica de la misma de unos excelentes cristales de yeso, comparables en todo momento a los mejores que puedan aparecer en cualquier otro yacimiento español, el estrato en cuestión, es una zona en la que el yeso aparece con un filón de caliza y un farallón de arcillas y margas rojas, aquí en esta zona el yeso toma una consistencia sacaroidea y al estar en contacto con las margas se han producido una serie de pequeñas grietas y geodas las cuales están a menudo el contacto con el agua de filtraciones superiores, esto favorece la formación de unos cristales totalmente transparentes.

Este yacimiento tiene un interés especial para mí, ya que lo descubrió mi padre hace más de 30 años, y yo tuve el placer de ver cuando apareció la primera geoda de cristales, esto fue así porque mi padre trabajó en esa cantera durante más de 40 años, su oficio era pegador dinamitero y también ejercía de barrenero, hasta que llegó el aire comprimido a las canteras se barrenaba a mano, es un sistema especial ya que como la piedra de yeso es blanda, las perforaciones se hacían con unas barrenas de 2 y 3 metros, las cuales se lanzaban hacia el suelo con un pequeño giro cada vez y añadiendo un poco de agua en el agujero que iba haciendo la barrena, conforme se iba introduciendo la barrena en la piedra se iba levantando hasta casi sacarla del suelo y luego se volvía a lanzar con fuerza , sin duda era un trabajo extenuante, una vez que habían llegado a la profundidad adecuada, con una pequeña carga de dinamita hacían lo que ellos llamaban “la olla” que luego rellenaban con sulfato amónico para a continuación meter los cartuchos de dinamita y posteriormente tapar el agujero con estopa, papeles e incluso tierra y polvo de yeso, sólo sobresalía la mecha de pólvora negra que era prendida a mano con un simple mechero, mucho después de esto empezaron a llegar los detonadores eléctricos y otras mejoras modernas.

Cada vez que mi padre hacía una voladura me llevaba al tajo (desde que tuve 5 años) y nos poníamos en un lugar seguro para escuchar el ruido de la detonación y ver la gran cascada de piedras y polvo que se producía cada vez, eran momentos de gran tensión y expectación, una vez que había desaparecido el polvo, íbamos al frente e la voladura para ver si la dinamita había hecho bien su trabajo y siempre recogíamos algunos cristales en forma de hoja de cuchillo y mucho yeso espejuelo al que llamaban “Guix”, sobre todo en el contacto con las calizas, que mi padre y los demás canteros les llamaban: “vius” (Vivos), hasta que aquel día apareció la primera geoda, llenamos el capazo del almuerzo entero de cristales totalmente transparentes, parecían que estuviesen hechos de hielo, algunos cristales estaban agrupados y formaban unos grupos muy estéticos y otros con impurezas internas que le daban una apariencia fantasmagórica, otros tenían gotas de agua en su interior que se movían al girar el cristal de una a otra posición, la verdad es que fueron unos momentos alucinantes, era como si hubiéramos encontrado un tesoro. Realmente ahora me doy cuenta de que efectivamente habíamos encontrado un tesoro, no económicamente hablando sino científicamente, ya que la calidad de estos cristales es perfectamente comparable a los mejores cristales que puedan aparecen en cualquier otro yacimiento de España, además los cristales de este yacimiento tienen algunas características físicas que los hacen más interesantes si cabe. Muchos son los que han comentado ser los descubridores de este yacimiento, pero lo cierto es que la primera geoda apareció aquella tarde hace ya 37 años y mi padre y yo fuimos los primeros afortunados en observar aquellos maravillosos cristales.

Cristal de yeso aparecido en la primera geoda conocida. Se encontró hace  37 años y su tamaño supera los 6 centímetros.

Cristal de yeso aparecido en la primera geoda conocida. Se encontró hace 37 años y su tamaño supera los 6 centímetros.

 

Después de esto cada vez que se hacía una voladura en aquella zona solían aparecer algunas geodas con más o menos cristales, después de esto la explotación estuvo parada más de 10 años, y actualmente está otra vez en explotación desde hace varios años, esta última vez la explotación se realiza con métodos más modernos y la extracción del mineral es muchísimo más rápida que antiguamente, en esta última época de trabajo, al principio explotaron la zona que hay cerca del estrato en cuestión y aparecieron varias geodas que han dado muy buenos cristales, pero ahora ya están trabajando en un nivel más profundo y ya no aparecen geodas con lo que el yacimiento puede darse por finiquitado.

Cuando volvieron a aparecer las geodas con los cristales de yeso, junto con unos compañeros de la Asociación Mineralógica y Paleontológica de San Vicente del Raspeig, controlábamos habitualmente el estado del estrato y cada vez que aparecían los yesos íbamos para intentar sacar todos los ejemplares posibles, unas veces apoyados por los medios de la propia empresa y otras veces con los mazos y cinceles y una simple escalera de aluminio, y mientras duraron los trabajos en la zona de las geodas, tanto mi amigo Pedro “El Piritas” como yo, nos turnábamos todos los fines de semana para ir a ver si había aparecido algún indicio para intentar abrir alguna geoda, la mayoría de las veces fue infructuosa, pero tres o cuatro veces tuvimos la suerte de dar con una buena veta.

Imágenes de una salida en busca de yesos

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Normalmente estos cristales suelen aparecer sueltos dentro de las geodas ya que la matriz donde se encuentran suele ser de un tipo de yeso sacaroideo y los cristales suelen aparecer ya despegados de su matriz dentro de la geoda, los cristales que aparecen en geodas con matriz más consistente tienen el problema de que la veta de yeso abre en sentido transversal a dirección de los cristales, con lo que es muy difícil su extracción sino imposible, a no ser que se tratara de recortar in situ la matriz con algún tipo de herramienta mecánica como una radial de gasolina, lo que obligaría a montar un andamiaje en la zona para poder operar en las proximidades de la geoda, cosa harto difícil debido a que los accesos a la cantera están cerrados para los vehículos y sólo se puede acceder a pie.

Muestras de ejemplares de yeso de Verdegás

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En total habrán aparecido cientos de cristales de buen tamaño, aparte de otros muchos cristales de tamaño muy reducido, así como algunas rocas tapizadas de cristales pequeños pero muy brillantes y totalmente transparentes. De los cristales más grandes y de mejor calidad hay muchos ejemplares en varias colecciones de gran nivel repartidas en toda España, como también en Francia, e incluso también hay buenos ejemplares expuestos en museos españoles como el Museo Morfulleda de Arenys de Mar en Barcelona, y como no podía ser menos, nuestra ilusión es que la Asociación Mineralógica y Paleontológica de San Vicente del Raspeig, disponga cuanto antes de un Museo local en San Vicente del Raspeig para poder exibir algunas de estas piezas como se merecen y en el que puedan resaltar toda su belleza, ojalá esta ilusión nuestra pueda ser en futuro próximo una realidad para disfrute de todos los aficionados y gente interesada en estas maravillas de la tierra.

* Con estos apuntes pretendo hacer un pequeño homenaje a mi padre, el cual me enseñó muchos de mis conocimientos sobre la mineralogía de la zona y la del yeso en particular, ojalá hubiera tenido más tiempo para seguir escuchando sus vivencias y aprendiendo de ellas, con él se fueron muchos secretos sobre los minerales de esta zona.

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